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Mostrando las entradas de mayo, 2026

Los folios del contador

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  El contador lleva tres semanas con los mismos folios encima del escritorio. No es que los números estén mal. Ese es el problema. Los números están perfectos. Demasiado perfectos para ser dinero limpio, porque el dinero limpio tiene fricción, demoras, pequeños errores. Tiene la torpeza de alguien que suma con prisa un martes por la tarde o el retraso de una firma que no llegó a tiempo. Estos depósitos, en cambio, entran puntuales, en cantidades que no llaman la atención por sí solas: cuarenta mil pesos aquí, sesenta y dos mil allá, repartidos entre sociedades menores que prestan servicios a la Cervecería. Transporte, envases, mantenimiento, importación de maquinaria. Todo existe. Todo tiene papel. Todo parece en orden. Eso es lo que le quita el sueño. No la cantidad. El ritmo. Cada depósito llega en jueves. No todos los jueves, porque eso sería demasiado burdo. Pero cada vez que aparece uno, es jueves. Y cada vez que aparece un jueves, al día siguiente hay un viaje registrado ha...

El nombre de Fuentes

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  Carlos Lucio llegó al despacho al día siguiente con dos cafés de la fonda de la esquina y la costumbre de entrar sin tocar. Decía que tocar en la propia oficina era síntoma de algo, aunque nunca aclaraba de qué. Puso un vaso frente a Romano, dejó el otro junto a la carpeta Manila y se quedó mirando los papeles el tiempo suficiente para que el silencio pareciera una pregunta. —El contador de la Cervecería —dijo. No preguntó cómo había llegado. No preguntó qué quería. Dijo el contador de la Cervecería como quien identifica una especie dentro de un ecosistema que conoce demasiado bien. Romano no contestó. Lucio se quitó el saco, lo dejó sobre el respaldo de una silla y tomó la carpeta sin pedir permiso. Tenía esa confianza con los papeles ajenos. Para él todo documento era una forma incompleta de la calle. Los números podían decir cuánto, cuándo y dónde, pero rara vez decían quién mandaba, quién obedecía y quién podía ser sacrificado cuando las cosas salieran mal. Leyó las pri...

La pregunta correcta

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  Romano dejó pasar dos días antes de tocar las oficinas de la Cervecería. No fue prudencia. Fue método. Primero dejó que Carlos hiciera llamadas desde teléfonos ajenos: una miscelánea en la colonia Independencia, el despacho de un abogado que todavía le debía un favor, una caseta pública donde el aparato tragaba monedas de veinte centavos con la misma rapidez con que devolvía silencios. Ninguna llamada llevaba el nombre de Romano. Ninguna repetía la misma pregunta. Las empresas de la frontera existían. Eso fue lo primero que confirmaron. Tenían domicilio, papeles, agentes registrados, teléfonos que contestaban a media mañana con una voz de secretaria o de hombre cansado. Una en Laredo. Otra en Eagle Pass. Otra más en Del Río. En los folios todo cerraba: fechas, montos, viajes, comprobantes. La contabilidad tenía esa belleza falsa de las cosas preparadas para ser vistas. Carlos puso tres hojas sobre el escritorio metálico de Romano. —Existen —dijo. Romano no levantó la vista....

El despacho de Romano en Edison 621 Norte

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  El despacho de Alex Romano está en los altos de una casa adaptada en Edison 621 Norte, frente a la iglesia de la Medalla Milagrosa, al poniente de la zona centro de Monterrey. La calle los separa apenas unos metros, no los suficientes para convertir la iglesia en paisaje. Desde la ventana del privado, la fachada entra al cuarto con sus ladrillos, su rosetón y su torre. Las campanas no se oyen: caen sobre el vidrio, lo hacen vibrar y obligan a suspender cualquier frase a medias. Cada entrada y salida de misa pasa frente a los ojos de Romano. Señoras vestidas de oscuro, hombres que se persignan con prisa, niños jalados de la mano, coches detenidos a medias, vendedores que aprovechan el movimiento de la gente. Todo queda al alcance de la mirada. La casa fue dividida sin demasiada elegancia. La planta baja quedó separada de los altos, y al despacho se sube por una escalera estrecha que desemboca en una puerta sencilla. El recibidor es mínimo, casi una pausa antes de entrar. A la izqu...

Las oficinas centrales de la Cervecería

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  Para llegar a las oficinas centrales de la Cervecería había que entrar en un territorio donde Monterrey dejaba de parecer ciudad y empezaba a parecer sistema: fábrica, patios, bodegas, camiones, vías de acceso y hombres con camisa blanca que no tocaban una botella pero decidían cuántas salían. Todo formaba parte de la misma maquinaria, aunque no todo hiciera el mismo ruido. El complejo se extendía sobre el eje de Alfonso Reyes, en esa zona de Bella Vista y Del Prado donde la industria no se escondía detrás de la ciudad: la organizaba. Desde afuera podían verse los movimientos grandes, los que no necesitan explicación: camiones entrando y saliendo, obreros cruzando patios, cajas apiladas, puertas metálicas, guardias que conocían a los choferes por la cara y no por el nombre. Pero las oficinas centrales pertenecían a otra velocidad: ahí el trabajo no se cargaba en la espalda. Se firmaba. El vestíbulo estaba hecho para ordenar a quien llegaba. Mostrador de recepción, piso limpio, te...